Ser gorda: sufrir discriminación y depresión

discriminacion por gordura
Ser gorda vs ser delgada

Mi nombre es Beatriz, tengo actualmente 52 años. De joven yo siempre me cuidaba, tenía muy buena imagen, no era una mujer delgada, pero si tenía mis formas y los hombres me miraban. No me podía quejar, siempre tenía algún noviete, hasta que encontré al hombre de mi vida. Me casé, al poco tiempo me quedé embarazada y el espejo me devolvía una imagen hermosa, de una futura mamá que en meses daría a luz a una niña. Un día, cuando me levanté, mi esposo me dijo: – estas gorda-. Lógico le contesté:- cada mes aumento un kilo, por mi embarazo…

Tuve a mi hija y volví a mi peso normal. No me costó mucho en ese momento. Cuatro años después volví a quedar embarazada y después de tener a mi segunda hija, también volví a mi peso normal. La verdad, la naturaleza se había comportado bien conmigo, porque recuperaba bien mi silueta sin estrías y nada se me caía. Solo comía sano y me movía más.

Después de los 45 años, veía que comenzaba a engordar, comía lo que venía por mis ansiedades. De pronto, me vi con 108 kilos de 68-70 kilos que yo siempre pesaba. Entonces, mi esposo se comenzó a alejar de mi. La razón: la gordura. Ya no estaba como antes.No teníamos intimidad, porque le daba “asco”.

De repente, cuando buscaba trabajo: me decían que gordas no aceptaban, porque debía dar una imagen con buen cuerpo, aunque mi currículo estaba más que bien.

Discriminación por gorda

Discriminación por gorda

Tras ser gorda, la depresión

Entonces comía más y más. No encontraba prendas tampoco para mi en tiendas normales, ya que tuve una talla 52 de arriba y 50 de la cintura para abajo. Comencé a deprimirme día a día, llorar en silencio por el desprecio de una sociedad que solo acepta delgados y el desprecio de mi esposo, que convivía, pero que no me tomaba en cuenta como mujer…

Fui a mi médico de cabecera para que me ayudara. Mi médico me envió a una nutricionista y me puse en sus manos. Lloraba cada vez que iba, me sentía pésima porque solo bajaba gramos o un kilo al mes. Hacía gimnasia y me costaba hasta para respirar. Y un día le dije a mi médico de cabecera: -¿por qué no me envías al psicólogo? Estoy deprimida en todo sentido, no me siento como una mujer completa, me siento como una porquería. No me gusta el espejo, no me gusta ir de tiendas, por momentos tengo ganas de desaparecer del mapa.

Todas las respuestas las tenía yo

Visita al médico de cabecera para que te ayude cuando estás gorda y depresiva

Entonces, viendo mi estado en ese momento, mi médico me trató de tranquilizar. Me dio un tranquilizante, no para dormir, sino para calmar mi ansiedad y mi depresión. Fui primero al psiquiatra y me derivó al psicólogo y fue entonces que él me guiaba, porque las respuestas no las tenía él, sino yo. Fue bastante duro, porque despotricaba, me enfurecía, tenía ganas de largar todo cuando no quería escuchar verdades.

Un día, cansado de mis negativas y de llorar. Me dijo el psicólogo:- Dime Beatriz, a ti se te ha dado un cuerpo para que nacieras. Haz tenido la fortuna que de joven, los hombres te miraran no solo por un cuerpo bonito y una carita de niña buena, sino por tu personalidad. De pronto, abandonaste a Beatriz y a su cuerpo. Le tiraste palabras y sentimientos negativos, a tal punto de querer suicidarte porque no lograbas lo que tu querías. ¿Qué hiciste contigo misma?

Lloraba por estar gorda

Es real que tu esposo te hizo desprecios por tu gordura, pero también estabas en un momento en que tu cuerpo comenzaba con los pormenores de una menopausia. El buscar un trabajo si bien estás en posición para ocupar un sitio en esta sociedad, tampoco te ayudó porque hicieron hincapié porque eres gorda. Todo es un cúmulo de fracasos, por tu mismos abandono hacia ti misma. Y es que la has dejado de querer. No te quieres, no la amas, no le das tiempo a recuperarse. Llora, descargate ahora, pero cuando te vayas y traspases la puerta, por favor cambia el chip.

Mientras hablaba, yo lloraba en silencio, pero de pronto estallé de tal manera que no podía dejar de llorar por esa Beatriz que se cuidaba y que estaba bien de peso y de pronto no se dio una oportunidad a volverse a querer.

Fue muy duro el proceso de ser delgada a gorda y de ser gorda volver a ser delgada, volver cerca de mi peso. Pero tenía que cambiar el chip. Me llevó tres años, porque estaba con altibajos, pero cada sesión con la nutricionista y el psicólogo, me ayudaron a continuar en ese duro peregrinar de amarme, de comer sano, de hacer ejercicios y de volver a quererme.

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