¡¡La tecnología me supera!!

Debo admitirlo: ¡la tecnología me supera!

En lo cotidiano se nos sorprende con avances en materia de tecnología. Soportes, herramientas físicas y virtuales complejos se nos venden sobre el supuesto de que facilitará nuestras vidas. Nada más complicado, para el común de los caminantes de este planeta -quien suscribe incluida- que adaptarse a la velocidad con que se producen los cambios.

María Inés Di Cicco
Periodista/Redactora

 

Ya no lo sé. No tengo muy en claro si estamos transitando la era tecnológica o post tecnológica. La velocidad con que se producen los avances me pierden. Debo admitirlo: ¡la tecnología me supera!

Si por ventura les da curiosidad saber cómo se siente esta mujer y madre argenta ante el vértigo con que llegan estos cambios, la clara respuesta es: mareada y, con toda seguridad, acompañada.

Quien curse arriba de la cuarta década de su vida y no se haya perdido en el cúmulo de opciones e interrelaciones posibles entre las redes sociales, los motores de búsqueda, los links, posts, browser, plug-ins, bits, bites, boots, retboots, smarts, i, y demás “varios”, que tire la primera piedra.

Glosarios de términos informáticos e Internet, que van de la A a la Z y se actualizan constantemente -http://www.internetglosario.com, ó www.alegsa.com.ar/Diccionario/diccionario.php, ó https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a0/Glosario_Informático.pdf, y así sucesivamente- nos dan una vaga idea de esta marcha acelerada que nos torna neófitos en el área, con independencia de la mayor o menor incorporación de conocimiento haya logrado en este día.

En compañía

“Tuve que hacer un curso especializado para entender cómo funcionan”, me contó una amiga que, sin el menor pudor confesó: “Qué querés que te diga, respecto de todo eso, soy cuadrada”.

“¡Gracias a Dios! -le confesé-. “Por suerte, me estoy sintiendo menos sola en esta cruzada”.

Ocurre que, por no quedar como bobo, en ocasiones más de un hijo de vecino asiente y mete un término que cuadra en el asunto del que un real conocedor está dando cátedra. En ese exacto microsegundo nosotros, que no “pescamos un fulbo”, “adivinamos media” o “no cazamos una” quedamos presos de un ataque de vértigo y fuera de la conversación.

En el reino de los ciegos…

 

 

¡Ellos saben!

 

Cuatro años atrás -¿tanto pasó ya?- me sentí como tuerta en el reino de los ciegos cuando el matutino en el que trabajaba hizo un cambio de sistema que implicó, para quienes hacíamos periodismo, redacción y edición, agregar a nuestra tarea diaria una serie de actividades que, hasta ese entonces, habían sido labor de otras áreas.

Para el caso, múltiples clics en diminutas casillas escondidas que habrían nuevas pantallas, alternativas, ajustes y conexiones a la red de redes se nos indicaron durante una semana intensiva de entrenamiento. Luego fue el abismo y a adaptarse cada quien como pudiera, un principio darwiniano del que salí airosa.

A empezar desde cero

No hace mucho, cuando Viviana me impulsó “¡Oye mujer! ¡Escribe en mi blog!” -tema del primer post de Veo Veo- se me presentó un nuevo desafío: WordPress. “OK, a empezar de cero”, me resigné.

“No te preocupes -tranquilizó “la Gallega”- yo te voy indicando de a poco”.

Días después, chats de Facebook y WhatsApp mediante y con la pantalla del blog abierta, creí que ella me mandaría a cruzar el océano en la parte más alta del mástil del galeón.

“Bueno, no te cabrées -le rogué-. Soy nula en esto”, y una vez más me llamó a la calma con emoticones de carcajadas, poniendo en claro que, para una docente experimentada, esto de tener alumnos difíciles de entendedera es cosa de todos los días.

Total, que de movida le juré: “esto va a ser tema de un post”.

La confesión escrita

 

¿Nosotros? Perdidos…

No sabría cuándo lo escribiría, pero resultó más pronto que tarde cuando, intentando coordinar conversaciones virtuales con diferencia horaria de cinco horas y actividades múltiples de sendas interlocutoras, se me ocurrió llamar por WhatsApp.

“¡Qué boba! ¡Cómo no se me ocurrió llamarte antes y evitar acosarte a preguntas en todos esos chats, durante tantos días!”, le tiré a Vivi durante la charla.

La alegría de escucharnos las voces después de más de 20 años y la sonrisa consecuente me quedaron incrustadas en el rostro hasta que Hernán, mi amado Hernán asomó por la puerta:

“¿Está contenta la nena? ¿Descubrió que se pueden hacer llamadas a larga distancia por WhatsApp? -jugó con voz de quien le hablase a una peque de dos años-. ¿Sabe, la nena, que también puede hacer videollamadas porque el puntito que tiene sobre la pantalla de la compu es una cámara..?”

Con trompa enojosa y sonrisa de quien se descubre con pasos torpes, consciente de que sigo luchando con el SEO, la palabra clave, la legibilidad de WordPress, y con mi analfabetismo tecnológico, tomé la notebook y me dispuse a teclear.

PD:

(Les cuento un secreto..: ¡Shhhh! ¡¡¡Creo que esta vez lo logré!!!)

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