Lecciones para una madre en vacaciones

Lecciones para una madre en vacaciones

El receso escolar impone a los padres un desafío en sí mismo, pero reserva nuevos descubrimientos cuando los chicos transitan la pre-adolescencia. Y yo, como madre de pre-adolescente, aprendo a tener calma y mucha paciencia.

María Inés Di Cicco

Periodista/Redactora

Menuda labor la de los padres de hijos de todos los tiempos y edades. Menuda, la de aquellos que deben lidiar con los cambios de humor de los chicos en la pre-adolescencia.

Padres y pre-adolescencia

Un ejemplo, por decir: Por este lado del mundo y por estos días finalizan las vacaciones de invierno, ese tiempo en que los niños y adolescentes detienen sus labores habituales y sus padres procuran suplirlas con otras actividades que los corran del trance entre excitado, abúlico e iracundo en el que entran. De paso, unos y otros recopilamos aprendizajes con cada experiencia.

En lo que a mí atañe, con el tiempo, he decidido disfrutarlas con cierta, nueva, calma. Cuando menos, lo intento. ¡Claro que no siempre fue así! Comparo momentos con algunos del pasado y me detengo en las primeras vacaciones que compartimos mi niña Morena y yo con Hernán, en la recién estrenada convivencia.

Corría 2014 y ya se advertían una serie de descubrimientos para una madre de pre-adolescente que batallaba por mantenerse equilibrada, mientras procuraba agrandar la familia.

Los hijos, un aprendizaje cada día.

Descubrimiento 1

La pre-adolescencia de Morena me asaltó. Nada sería como hasta entonces.

No voy a hacerme la distraída. Estaba prevenida. Los indicios eran evidentes: de un minuto a otro, algo sucedería. Por supuesto, no esperaba que se diera en los primeros minutos del primer día de las ansiadas primeras vacaciones en grupo.

Compartiéndome

Él mutaba de novio a hombre de la casa. Ella, de gozar de mamá full time a compartirla. Nos alojábamos en una cabaña, en la tranquilidad de las sierras, con un servicio de WI-FI  de justa medida y la nena tenía 11, recientemente cumplidos, años. A la vista de las circunstancias, yo rezaba a Dios, Alá, Buda y Jehová que concursaran por el amparo de tan merecido descanso.

Apenas arribados -todavía no instalados- fue Hernán quien subrayó los hechos: “Preguntále a la nena qué le gustaría hacer porque ya está cantando y grabándose con el celular, señal de que viene embolada hace rato. Si no hacés algo pronto, no se desenchufa más”.

Tras la advertencia, se dedicó a preparar la parrilla para estrenar el día con un buen asado argentino y en un solo acto dejó claro que, en el “hacer”, él no participaría.

“¡Vamos a juntar ramas para el fuego!, propuse a la peque como si el plan resultara el gran hallazgo. Pero ocurría que More tendía a parecerse a su mamá en eso de andar por la vida juntando del suelo cualquier cosa bien avenida. Cinco minutos más tarde, ella blandía una astilla de corteza de pino y seguía perdida bajo sus auriculares, dando recital a coro con alguna estrella precoz de Disney.

Algunas sospechas previas se me revelaron certezas: Mi nenita estaba creciendo y, como la mayoría de sus congéneres, ya era presa de un celular que acallaba mi voz.

Descubrimiento 2

“¡Nada de ositos, nada de mariposas, eso ya fue, yo soy una chica del 2000!” Dicho por una bebé en una publicidad de compañía telefónica española resultaba gracioso. Comprobado en vivo, directo y carne propia, una tortura.

Tras el incidente de las ramitas y mientras el futuro almuerzo se cocía a fuego lento, yo acomodaba trastos y buscaba manera alguna de alejar a mi hija del consabido telefonito.

El cocinero estaba en su mundo, así que yo decidí salir a caminar con la niña y juntar flores silvestres, mientras mirábamos pasar algún insecto despistado de temporada. Otrora, eso de hacer ramos y peinados hippie chic y de practicar entomología habían resultado asuntos de interés.

Hombres opinando

Aunque Hernán pensaba que íbamos a regresar con alguna picadura extraña y un yuyal entre las manos, le dí oportunidad a una tarea ya conocida que bien se podría convertir en tradicional.

Entusiasta, yo juntaba lo más bello que encontraba a mi paso cuando Morena soltó: “¿Otra vez un ramo..?”

A partir de eso, otro ítem a registrar para mi lista: “Ya no todas mis propuestas funcionarán con Morena. En ella se empiezan a notar con fuerza los gustos y decisiones propias, y la brecha generacional me mete cada vez más seguido en el intríngulis de sus inquietudes. Son notables las diferencias cuando las fechas de nacimiento distan entre 1970 y 2003“.

Con poco tiempo para el enojo y mucho para la alegría.

Descubrimiento 3

“Cualquier cosa que diga puede, y será, usada en mi contra. Si lo escribo, también.”

En tren terapéutico, me había hecho por esos días de un cuaderno con dibujos recopilados y varias páginas en blanco donde colorear mandalas y escribir.

Hoy sigue dando vueltas por casa y se ha convertido en el block de notas de mi curso de jardinería. En esos días lo había llevado de vacaciones y me disponía a usarlo de blanco de mi catarsis cuando Morena, intrigada, se acercó.

Poco pudo decodificar de mis manuscritas, aunque la lectura de su nombre le alcanzó para disentir y estallar.

Consejo masculino

De nada sirvió el consejo masculino: “Leer lo que tu madre escribe ahora no te va a servir. No lo vas a entender y te vas a enojar. Pedíle ese cuaderno cuando seas más grande”.

“¡Y seguís hablando de mí!”, reclamó días más tarde. “En realidad, hija, estoy escribiendo sobre mí -le expliqué-. Hablo de lo que me pasa mientras te veo crecer”.

¡Claro que no comprendió! No eran sus enojos ni sus raptos los que me movilizaban, sino esos cambios que ahora se me hacían evidentes con algunas horas extra para observarla, que me habían sido imperceptibles en el día a día.

Descubrimiento 4

“El fruto nunca cae lejos del árbol”

“¿Qué te vengo diciendo desde hace varios días?”, largó Hernán, convencido de que cualquier alusión al comportamiento de Morena, de algún modo, me cabía.

“(¿Me habré mostrado demasiado irritada frente a su afán de mantenerse ajeno a todo conflicto en tántrica calma? ¿Habré actuado como incomprendida? No creo recordarlo.)”

Él, cual Brujo Marujo, sostenía que el refrán sería aplicable diversas situaciones acaecidas o por acaecer. Así sucedía.

Con cada nueva anécdota de la que Morena o yo salíamos con el ceño fruncido, algún sonido onomatopéyico entre labios y a tranco militar en busca de un rincón aislado de este mundo, la frase en cuestión irrumpía del alrededor como voz de fantasma sabio.

La personalidad de More

Y sí: no quedó otra que ceder a esta certeza. Mi hija ya no sólo se me parece en la mata desacatada que tiene por cabellera, en su verborragia o la curiosidad por todo lo que camine, ladre, salte, baile o vuele en este mundo de Dios.

Me emula, también, en los arrebatos de rebeldía, esos enojos efímeros y poco inmunes a la primera risa, y en raptos de frontalidad que “atacan”.

“Hija ´e tigresa”, dirían los gauchos. Digno fruto de éste árbol.

Nota final

Ya pasaron tres años y es notable lo que sucedió entre aquel y este tiempo.

Morena ya no es la niñita que luchaba consigo y el mundo por demostrar que comenzaba a tener ideas y personalidad exclusivas, individuales, independientes de allegados y parentela. Crece y sorprende con una madurez que, en ocasiones, extraña.

Lo que no ha cambiado es el común denominador a cada día de nuestras vidas, la felicidad de verla hacer las paces consigo misma y con los adultos que la amamos, con las etapas que tendrá por venir y con la mecánica de una familia, la mayor conquista. Y yo como madre…¡¡feliz!!

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